Escribo desde el exilio, un exilio que vive mi corporeidad, la perdida de sentido y ruptura subjetiva implicada por no corresponder mi sexo con mi género ¿tengo un género? Este exilio no solo ha sido corporal, también ha sido relacional. Como prototravesti enfrento la ruptura de vínculos.
de los sexoafectivos, porque las corporeidades amariconadas y travas pueden ser "aceptadas", fetichizadas; pero reafirmadas, deseadas y amadas, queda para un segundo plano, persiste una afeminofobía reiterada en el acuerdo romántico relacional, el hombre delicadito ¡que rico se ve en la cama! pero en la calle, ni hablar. Un hombre con vagina, cuanto morbo despierta, pero no se ve tan masculino, le falta rudeza. Y las mujeres con pene, un punto mas en la lista de deseos por cumplir.
de los familiares, cuanta pena da tener una criatura desviada, que escozor que lxs vecinxs lo vean, que se murmure entre tíxs, primxs y parientes lo diferente que se comporta, la reiterada pregunta por el que hacemos con nuestro culo, nuestras tetas, nuestro clítoris y verga ¿acaso esa pregunta ronda cuando son relaciones heterosexuales? ¿es esta pregunta imperiosa cuando la verga de un hombre cis esta en medio? persiste la mirada heteropatriarcal de las corporeidades y relaciones.
de los sociales y laborales, en el auge de la diversidad, la inclusión y aceptación una corporeidad cambiada, cruzada, rara, resulta una cifra, un punto de fuga del capitalismo y del CIStema para jactarse de apertura. Pero no cabemos tantas maricas, no logramos entrar las indefinidas, no hay los suficientes cupos de inclusión para trabajos y espacios sociales. El problema quizá es que pedimos mucho ¿cómo se nos ocurre que en una empresa, en un colegio, en un museo o en un escenario participativo confluyan mas de una o dos marikonadas? ¡Acaso no vemos que eso ante los ojos y el ejercicio de aguantar ya desborda al CIStema!
No hablemos de los cruces de anden por miedo a ser agredidxs, de las largas vueltas para llegar a casa porque ahí hay una zona de riesgo, de las miradas y risas que se clavan en la espalda y no dejan de doler, de la insistente pregunta por la orientación e identificación.
Preguntas, palabras, risas, miradas, que se clavan en la espalda, en el pecho, en el corazón, en el pensamiento. Nudos, llanto, dolores, miedos, agobio por vivir.
Este exilio deviene éxodo, cuando entre injurias, miedos y dolores, empiezan a verse escarchas, pétalos, brillitos, complicidades. Como buenxs maricxs y travecxs hemos asumido la artesanía existencial desde el hacernos una corporeidad, pasando por tejer nuestros vínculos, nuestros amores. Somo seres metamórficos, todo lo volvemos crisálida.
De ahí que la expresión hermanxs trans tenga tanta fuerza, cobre tanto sentido y resulte aliento de vida, porque encuerpar el exilio nos junta, pero vivir el éxodo nos hermana, somos las rarezas abriendo-nos camino, sosteniendo-nos para volar, enseñando-nos truquitos para maquillarnos, para miar paradas, alentándonos a existir, riendo como hienas en las calles, en los bares y cantinas.
Este éxodo de perrxs, de bichxs, de rarezas, continúa y sigue alimentando corazones que deviene jardines para que crezcan mas flores, hayan mas ninfas y mariposas...
Hoy en el
día internacional de la visibilidad trans les digo que de esas heridas
propinadas hemos hecho crisálidas de las cuales no cesaran de salir
mariposas, plumas, brillos y rarezas. Y a ustedes marikns y travelxs
GRACIAS POR RE-EXISTIR, por su taconeo y machorreo existencial. Si lxs
escénicxs dicen a modo de ritual que nos llueva mierda, yo nos diré: que nos llueva pluma, hormona y fuerza.