Los días precipitados de la adultez no han logrado normalizar fenómenos y acontecimientos como éstos, de hecho he aprendido a relacionarme con lo efímero y espontáneo que resulta de y en el encuentro con estas infancias. Esto me ha llevado a pensar un tejido experiencial con niñes que surja desde la sensibilidad, el abrazo, la sonrisa y un aliento en palabras, canciones o juegos.
Pensar encuentros, aldeas, compartires de minutos u horas puede ponernos en el debacle de Cronos donde parecemos consumidxs por el tiempo haciendo de lo efímero y espontaneo algo insulso, falto de resistencia y condenado a ser devorado por Cronos. De allí que lo efímero devenga nómada, que beba de la alquimia del lenguaje y los encuentros sensibles para romper esa línea trazada por el minutero. En los encuentros con las infancias tomamos por asalto el tiempo capitalista y adultocentrado para desordenarlo y doblar sus incesantes tic-tacs, hechizamos y conjuramos con cuentos, miradas, palabras y juegos, y por último, los quitapenas aquellxs guardianes que se encargan de mantener la fisura abierta para que vuelen las infancias hacia mundos posibles.
Y es allí, en donde lo nómada emerge, aquel pensamiento y escenario que se logra empacar en bolsillos, pensamientos y ejercicios cotidianos, los cuales respiran con el mismo caminar. El nomadismo existencial es tejer memoria con niñxs de los que poco o nada volveré a saber pero que anidan en mi pecho, con cada suspiro acompasado; viven en las lagrimas que muchas veces llueven en mis adentros para no desfallecer frente a ellxs; se albergan en mis historias y sobre todo hacen presencia continua en sus creaciones que vienen al encuentro con otres niñes. Esas creaciones que posibilitan y abren otros regímenes de significado, construidos por y para las mismas infancias migrantes. Pues ¿Quién mejor para abrazar y alentar un transito migratorio que otra niñez que lo ha encuerpado?


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