Perderme en mí
No me ensimismo,
no me distraigo,
no estoy abstraidx,
Solo divago,
Divagar: guarda una relación etimológica con divergencia, separación, varias direcciones; sumado a “el vagar”, andar sin rumbo. Pero esta última acepción se encuentra con el vacuus que está más cercana al vacío, un encuentro con aquello vacuo.
Así pues perderme en mí es un proceso de encuentro con aquel vacuus y/o quizá emerge en la sensación del vacío. Por lo tanto, divagar en el mundo de mis ideas y paisajes del pensamiento es el encuentro con caminos, pensamientos y emociones que se bifurcan e imbrican sin cesar.
Ante un mundo que no cesa de llamar a las certezas, al afianzamiento de ideales, el imperioso éxito y estabilidad. Saberse vacix y/o encontrar el vacío, resulta angustiante, doloroso y frustrante ¿por qué la pérdida de sentido implica desasosiego y no pausa?
Antes de responder a esta pregunta, me gustaría divagar otro tanto en relación a las cotidianidades que nos conducen a la sensación de vacío ¿qué de nuestras vidas se encuentra ligado a llenar o superar vacíos? ¿Qué de nuestras vidas nos hace sentir vacíxs? Hablamos acá de relaciones laborales, cuestiones económicas, vínculos afectivos, luchas sociales y disputas políticas, que muchas veces se contraponen a aquello que con el corazón buscamos, deseamos y/o defendemos ¿porqué la sensación de vacío no abre el camino hacía la vacuidad sino que nos conduce a una abrumadora sensación de insatisfacción y necesidad por llenar algo?
Pensemos por un momento en la relación con el espacio, pero no el espacio externo o físico, sino el espacio mental y emocional ¿en que parte se siente el vacío? ¿cómo percibimos ese vacío? ¿Es el vacío símil de oscuridad y/o abismo?
Permitámonos sentir el vacío y verlo, hagamos de este un espacio en sí, una sensación de contemplación que en lugar de desasosiego no inste a la calma, al respiro y a la contemplación. Es quizá la inmensidad del vacío aquello que nos paraliza, pero hagamos de la parálisis una posibilidad, un lugar a habitar sin llenar, un respiro acompasado que nos implica pausa y mesura en el revoloteo del pensamiento.
Respiremos, veamos la nube de pensamientos que llega a llenar el vacío y dejemos que continúe su rumbo. Observemos la palma de nuestra mano dominante y respiremos de nuevo…
Volvamos de nuevo a la pregunta inicial, ¿por qué la pérdida de sentido implica desasosiego y no pausa? Es quizá la suspensión de las certezas y del supuesto orden lo que nos hace encontrarnos en un vacío, un espasmo emocional, sensorial, afectivo y de pensamiento que abre la puerta al caos, a un agujero negro que pareciera absorber todo aquello que le circunda.
Esta obra de Remedios Varo, lleva por nombre "naturaleza muerta resucitando" y me resulta una invitación, un aliciente y un suspiro ante el vacío y el encuentro con este.
Es quizá la relación instaurada con la sensación de vacío, aquella que paraliza y desestabiliza; tal vez el cúmulo de pensamientos y emociones la que rompa los lindes sobre la conciencia de sí y de nuestras emociones.
Por ello, la invitación que nos hago es a que, de ese suspiro profundo emergente de ver, sentir y habitar el vacío, nos podamos encontrar con aquella naturaleza que vuelve en sí ¿Qué sucede al asumir el vacío como un espacio en sí a habitar y poder suspirar?
Con ese suspiro emergente de las entrañas el pecho se infla y la certeza se pierde para poder encontrarnos con la vida.
Así, el abismo y la vacuidad dejan de ser un agujero negro para convertirse en un ritornelo existencial, ese pequeño estribillo en la sinfonía de nuestra existencia, aquel que vuelve a sonar cuantas veces sea necesario pues la sensación de vacio no cesará de aparecer en nuestro devenir ¿qué sería de la vida y de la música sin silencios y sin ritornelos?
nos podamos encontrar con aquella naturaleza que vuelve en sí
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